Santiago del Estero. (Foto: Wikimedia)

Santiago del Estero. (Foto: Wikimedia)

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La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quiere una nueva capital para su país: el gobierno nacional se mudaría de Buenos Aires a Santiago del Estero. Los motivos de la iniciativa aún son poco claros.

No es que a la mandataria argentina le falte qué hacer. Cristina Fernández de Kirchner podría, por ejemplo, dar nuevo impulso a la debilitada economía de su país. O llevar a buen fin el enojoso pleito con los “fondos buitre” por antiguas deudas del Estado. O resolver el problema con su vicepresidente, señalado en varios casos de corrupción. Pero en vez de ello, la presidenta quiere conseguirle una nueva capital a la Argentina.

“Equilibrio demográfico”

La ocurrencia proviene de Julián Domínguez, uno de sus aliados políticos, que no solo es presidente del Parlamento, sino que también es mencionado como posible candidato presidencial. Domínguez quiere sacar a toda la administración pública de Buenos Aires y llevarla a la provincia, a fin de lograr un “equilibrio demográfico”: “El 37 por ciento de la población vive en un uno por ciento del territorio nacional. Esto provoca falta de espacio, inundaciones, caos vial, violencia y, en consecuencia, una mala calidad de vida”, aclaró.

Cristina Kirchner ya ha puesto lugar a la idea de Domínguez: durante una visita a la ciudad de Santiago del Estero, en el norte argentino, anunció de manera tan sorpresiva como pública que ahí podría ubicarse la nueva capital del país.

Para eso se necesita gran cantidad de imaginación: la capital de la provincia homónima, fundada en 1533 por el conquistador español Francisco de Aguirre, es el asentamiento humano más antiguo de la Argentina. Por eso se le conoce como la “Madre de todas las ciudades”, además de ser “Cuna del folklore”.

¿Pueblo o capital?

Y hasta ahí con el esplendor. Santiago del Estero tiene 277.313 habitantes, ocho líneas de autobuses urbanos, seis estaciones de radio, cuatro periódicos, una universidad, y un centro comercial. Los lugareños trabajan en su mayoría en el sector de servicios o en la administración pública de la provincia. Prácticamente no hay industria.

Para la presidenta, es un buen sitio al cual trasladar la nueva capital. Buenos Aires ha sido el modelo de los últimos doscientos años; hace falta uno para los próximos dos siglos. Cristina Kirchner quiere que la nueva capital federal esté más cerca de la costa del Pacífico. Pero esta y Santiago del Estero están separados por la cordillera de los Andes. La jefa de Estado también ha dicho que quiere acercar a la Argentina a sus “socios estratégicos principales”. Con estas palabras suele referirse a China y a Rusia.

Una encuesta realizada apresuradamente afirma que un 44 por ciento de los argentinos apoya la mudanza de la capital. Esto podría deberse a que Buenos Aires y sus habitantes no gozan de la mejor fama en el interior del país.

Un sitio como Santiago del Estero tardaría 20 años en convertirse en capital del país, dice Pedro del Piero, presidente de la Fundación Metropolitana. Esto podría abrir oportunidades a ambas ciudades. “Para Buenos Aires sería un alivio entregar a otro sitio el sistema federal de Justicia. La ciudad podría concentrarse en proyectos locales como el muelle o la policía local. Para la nueva capital podría ser una bendición, si todo está bien planeado. Si no, será un castigo”.

Motivos poco claros

El experto colombiano Óscar Edmundo Díaz, que ha desarrollado conceptos de movilidad para más de 40 grandes ciudades, dice que la mudanza sería contraproducente. “En todo el mundo vemos la tendencia de ampliar más y más las ciudades, a fin de mejorar el transporte y los servicios”, dice.

Del mismo modo, es poco claro qué persigue la presidenta. Poco probable es que sus motivos sean de orden federal: los gobiernos de Cristina Kirchner y de su antecesor y esposo, el fallecido Néstor Kirchner, han tutelado a las provincias como ningún otro, recompensándolas o castigándolas según su conducta partidista.

El diario conservador La Nación afirma que el proyecto es una “cortina de humo” para distraer la atención de los poblemas reales del país. Una idea similar del entonces presidente Raúl Alfonsín fracasó debido a dificultades económicas. En aquel entonces, se planeaba trasladar el gobierno a la pequeña ciudad de Viedma, en el sur.

Cualquiera que sea el motivo de Cristina Fernández, necesitará paciencia: ya en 1810, los revolucionarios propusieron a Buenos Aires como capital del nuevo país llamado Argentina. Pasaron aún 70 años hasta que ese propósito se tornó finalmente realidad.

(Fuente: Deutsche Welle )