René Rodríguez Soriano presenta sus relatos cortos en “El nombre olvidado”

René Rodríguez Soriano es un escritor nacido en Constanza República Dominicana, y desarrolla una intensa labor de difusión y promoción de la literatura latinoamericana. Poseedor de una prosa intensa, sencilla y sin cosméticas verbales irrumpe en el escenario de las letras con una selección de relatos cortos cuya indagación e interrogantes caminan por cuenta propia en la dimensión del ser. “El nombre olvidado”, es el titulo obligado de lectura que nos recuerda las diversas perspectivas que ofrece este viaje llamado vida.

1. El nombre olvidado ¿Qué encierra al interior de su fluida narrativa, una mirada retrospectiva, tal vez muchas mujeres, parte del terruño, o parte de una mixtura de acontecimientos insoslayables?

‘El nombre olvidado’ no es un lugar en el espacio ni en el tiempo. Es un viaje sin visa por los senderos del sueño y los cuerpos desplazándose, despiertos, a toda vela. Antojadiza selección que se pierde o se encuentra tiernamente incrustada en la epidermis del absurdo. Ático donde aflora, febril y lúcida, la vastedad de un mundo que se niega y reafirma a cada golpe de página. Manual para reír o llorar, donde late a todo pulmón la llama, la pasión o el desenfreno. Que lo aluda o lo eluda, puede ser: lo que encubre el vestido, lo descubre el deseo.

2. Trece relatos cortos con nombres femeninos marcan una intención, ¿Qué intención debe descubrir el lector al leer el libro?

Femeninos del todo, no diría. Nombres propios y apropiados para nombrar y recrear historias, mundos distintos y distantes en el tiempo y en los mapas. Nombres que, como bien dices o insinúas, miran y se miran. O se admiran desde distintas latitudes, leyendo sobre la piel y el descampado. Relatos que únicamente son o intentan ser literatura. Nada más.

3. ¿Por qué elegir una narración en primera persona para contar historias de los demás en este caso, las trece mujeres?

No es el ojo el que mira, sino a través del cual se explayan los sonidos, los colores y la vasta soledad con todos sus cromatismos. Es una especie de cámara en Handheld que se desplaza por ahí, rondando mundos, absorbiendo realidades y ausencias. Tiros de cámara — sin género, sin sexo — llenos de luces y colores.

4. Ahora, ¿hay una coincidencia evidente entre la modelo Keiko y la circunstancia de hallarse en Perú, el personaje descrito es un poco el antagónico de la candidata a la presidencia Keiko Fujimori?

Nada es lo que a primera vista parece. La historia acontece por el Pacífico, en Ahome, un pueblito del norte mexicano. Describe muy bien el paisaje y resonancias de la arquitectura porfiriana. Y, por supuesto, habla de Keiko, la japonesa. De otra Keiko, distinta a la Keiko que tocaba piano mientas yo intentaba sacarle el cardenillo a los pistones de un corno amorfo y abollado. Y viaja, la historia viaja del Pacífico al Caribe. Ausculta tradiciones y maneras. En derrelicto va de lo sublime a lo ridículo: del carnaval a la caravana electoral dominicana. Ausculta, presta su ojo para mirar, dejarnos ver.

5. Aunque cada relato mantiene un buen ritmo narrativo fluido e intenso sin excesos verbales, se aprecia un acento nostálgico que es lo único que tienen en común cada ficción ¿Qué echa de menos René Rodríguez como para dejarlo ver en ‘El nombre olvidado’?

Cada historia, cada personaje, conforma un universo. Infinitos universos que se desplazan y se multiplican a la increíble velocidad con la suceden cuadro tras cuadro las imágenes fílmicas. El narrador no echa nada de menos, comparte instantáneas, dislexias y guiños. Pone trampas, barandillas y manteles para que el lector haga su propia criba: se encuentre o se desencuentre absorto en medio del viaje o de la nada.

6. ¿La política de República Dominicana dejó una herida abierta en el autor, en algunos capítulos se aprecia una postura al respecto?

La política no hiere; los que dejan asquerosas llagas son los políticos, saltimbanquis de feria de mala muerte.

7. ¿Cuánto hay del violín de tus instintos en la historia, qué melodías tiene aún por interpretar?

El violín, como un clavel, pinta o despinta aguaclaras y manías. A veces no pinta nada, normalmente desafina en el baldío átono y burdo de las acechanzas y el desdén.

8. ¿Cuál es la sensación que te dejó escribir El nombre olvidado, escribirlo te ofreció algún tipo de catarsis?

Sorpresa y asombro.

9. ¿Finalmente qué palabras quisieras dedicarle a tus lectores?

No sé, quizás decir que este libro, estas trece historias no son más que trazos sueltos, tirando a casi palidez desnuda y limpia. Prosa menor que ni siquiera aspira a nadar en la otra orilla — si es que el mar, el tiempo y la distancia, tienen otro envés —; tenues apuntes que quizás, a más tardar mañana, borren las aguas del olvido o se pierda en la arena; quebradizo papel que lava los recuerdos al borde de los pasos y la espuma.



Maritza Luza Castillo es una periodista y escritora peruana que ha colaborado con diversos medios y revistas literarias. Sus poemas han aparecido en antologías publicadas en España, Italia, Argentina, República Dominicana y otros.

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