Iron Fist: sí, la nueva serie de Marvel en Netflix realmente es muy floja | CRÍTICA

'Iron Fist' es la cuarta serie de Marvel Television en Netflix (Foto: Netflix)

'Iron Fist' es la cuarta serie de Marvel Television en Netflix (Foto: Netflix)

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Por: César Valero
FOTOS Y VIDEO. Danny Rand es un héroe obligado a luchar contra sus propios demonios, pero es un héroe al que no le queda bien luchar contra sus propios demonios. Danny está bien como hippie, como un concentrador de chi, pero no está bien poniéndose serio. No le queda. Ni siquiera parece creíble cuando dice odiar y está a punto de asesinar a sus enemigos (algo que naturalmente no hace, es un superhéroe después de todo). Y ese es solo uno de los muchos problemas que puede detectarse a simple vista en los 13 episodios de la primera temporada de Iron Fist.

De Marvel Television y Netflix, Iron Fist fue desarrollada con la expectativa de tratarse del cuarto show de Marvel en el servicio de streaming después de Daredevil, Jessica Jones y Luke Cage, pero en los días anteriores a su debut llegó la noche más oscura, cuando la mayoría de críticos desaprobó la cinta. De hecho, en Rotten Tomatoes apenas tiene una calificación de 18 % hasta el jueves 23 de marzo. Sin embargo, empecé a verla pensando que no podía ser tan mala y si bien no es un bodrio completo, tiene valores que rescatar, lamentablemente es insufrible.

Danny no solo no llega a despertar empatía con el espectador, sino que su historia no tiene un norte a pesar de que Iron Fist repite y repite que es el enemigo jurado de la Mano, una organización tan bien dibujada en Daredevil pero desfigurada en esta serie de Scott Buck, otrora productor ejecutivo de Dexter y próximamente showrunner de Inhumans. Iron Fist se pierde en las buenas intenciones de Danny y en sus sentimientos reprimidos, sin que haya una gran revelación personal que justifique que haya alcanzado su centro al final. Al menos no se siente la fuerza de un quiebre, por más traiciones develadas en los últimos capítulos. Danny no es un personaje fuerte como Matt Murdock ni subversivo como Jessica Jones. Tampoco es memorable como Luke Cage por más que no haya simpatizado tampoco con la adaptación de ese personaje. A lo largo de sus 13 episodios no puedes dejar de preguntarte cuándo explotará la serie. Es más, el espíritu de Iron Fist no puede percibirse a carta cabal. Por momentos solo parece un drama de corrupción corporativa con un héroe de por medio, no un superhéroe.

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Finn Jones es Danny Rand en Iron Fist (Foto: Marvel)

Ahora, si Danny no termina de cuadrar dentro del esquema, el resto de personajes tampoco ayuda a salvar la historia. Harold Meachum es un villano sin la intensidad ni la complejidad Kingpin ni la oscuridad de Kilgrave. Ward intenta ser la figura dañada del show, pero no puede alcanzar el nivel de sufrimiento de Cottonmouth. Colleen Wing es una figura voluble, difícil de entender, mientras Joy es lanzada como el ancla para el retorno de Danny, pero tampoco llega a ser desarrollada como para aceptarse que sea sugerida como la próxima villana de la serie. ¿Quiénes más? Claire juega un papel destacado en las otras series de Marvel en Netflix, pero sobra en Iron Fist. Del mismo modo, el misterio construido en torno a Madame Gao en el pasado, se pierde en sus forzadas apariciones. Por si fuera poco, la Mano deja de ser una organización envuelta en el misticismo para convertirse en una escuela salida de alguna serie o película juvenil. En resumen, Iron Fist ha sido un cúmulo de talentos que nunca afloró como es debido por más buenos actores que hayan sido reunidos en el set.

Y sí, es inevitable hablar de Iron Fist y compararla con sus shows hermanos porque muy pronto todos deben estar juntos en The Defenders.

¿Cuál ha sido el otro gran tropiezo de Iron Fist? En teoría, debía ser una serie sobre artes marciales, incluso por encima de Daredevil, pero las coreografías han sido desastrosas. ¿No podían hacer más evidente la falta de preparación de sus actores para estas lides? Pasos torpes. Golpes que no llegan a ser golpes. Lentitud. Peleas sin sorpresas. Las secuencias de combate de Iron Fist han sido una decepción, aunque con algunos chispazos de emoción como cuando Colleen vuela o entra a la jaula de combate. Sin embargo, el mismo personaje de Jessica Henwick ha sido el de mayores secuencias infortunadas en este punto. Eso sí, no solo es culpa de las acrobacias. Los cuadros usados en el drama tampoco ayudan.

De Daredevil pueden recordarse sus largas secuencias de lucha sin cortes, retratadas como un lienzo en progreso, con violencia artística, pero en Iron Fist todas las luchas son interrumpidas por cortes y cortes y por planos cerrados que pueden haber ahuyentado algún valor adicional del que podríamos hablar ahora.

El color tampoco se siente. No hay diálogos memorables. No hay sustancia a pesar de que a grandes rasgos, la idea base debía ser efectiva.

¿Dónde está lo bueno? En que esta primera temporada debe ser un manual de lo que no debe repetirse si es que Netflix apuesta por una segunda entrega de Iron Fist, sobre todo si tenemos en consideración el cliffhanger dejado al final. Es una buena oportunidad de reformular lo realizado y contar una historia mucho más grande y ambiciosa en el futuro, una historia que merezca a este popular personaje de Marvel Comics.

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Iron Fist ya está disponible en Netflix a nivel mundial (Foto: Marvel)

¿Algo más? Contra todo pronóstico, la relación de Danny y Colleen al menos ameniza las idas y venidas entre Rand, el dojo y las calles de New York. Del mismo modo, haber dejado a K’un-Lun en espera me ha despertado el bichito de saber más de esta ciudad.

Con suerte, The Defenders rescatará a Iron Fist. No le pierdo la fe a Finn Jones ni a sus movimientos salidos de The OA.

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