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Rumores y ángeles oscuros rondaron la creación de Sympathy for the Devil, la canción con la que los Rolling Stones le ganaron el pulso al rey del averno y se convirtieron en sus majestades satánicas.

La composición, una de las mejores de la historia del rock, abre el magnífico y potente Beggars Banquet, de 1968, álbum precedido de habladurías engendradas por su Their Satanic Majesties Request (1967).

La letra se le ocurrió a Mick Jagger, de acuerdo a las historias oficiales detrás de los Rolling Stones, cuando leía El maestro y Margarita, la novela de Mijaíl Bulgákov que conoció por su entonces novia Marianne Faithfull, cantante y actriz británica que introdujo al vocalista en los desbarajustes del diablo en Rusia.

¿Qué dijo Jagger sobre los orígenes de Sympathy for the Devil? En una entrevista de 1995 a Rolling Stone, su memoria le relataba que tomó la idea de algún escritor francés, quizás de Charles Baudelaire. Y que inicialmente la escribió como si fuese un tema folk de Bob Dylan.

Más señas sobre este clásico: hay estrofas que se asemejan a un pasaje de la obra The Devil and Daniel Webster, de Stephen Vincent Benét. Brian Jones, quien fallecería en 1969, participó en su grabación. En el video se ve a un eufórico John Lennon. El himno más ruidoso de los Stones ocupa el puesto 32 de las 500 mejores canciones de la historia del rock para la Rolling Stone.

La letra, en esencia explícita, va de muertes, relaciones sexuales y líos amorosos, pasiones cantadas por los Stones que los hacían embajadores de la violencia y la lujuria ante las miradas conservadoras.

En sus delirios persecutorios, Sympathy for the Devil motivó que sectores religiosos señalaran a los miembros del grupo de adores del demonio, de ser una perversa influencia para los jóvenes. ¿Qué les asustaba tanto? Una posible interpretación, acaso una lección para ellos inconveniente: que el diablo es un miembro más de la humanidad.