Abuela argentina desafía las alturas. (Video: EFE)

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VIDEO. A sus 89 años, la argentina Stella Camposano deja claro con sus actos que el mundo de los deportes de riesgo no es un área restringida a los más jóvenes, pues ha celebrado tres de sus últimos aniversarios tirándose en parapente en el emblemático cerro tucumano (norte) de San Javier.

“Para mí es plenitud. Me siento en el cielo. Para mí no hay, como te diré, no hay con qué compararla a la sensación esa que siento. Es como una sensación de libertad, de alegría, de felicidad”, explicó una exultante Camposano durante una entrevista en su domicilio.

La pasión de esta abuela comenzó hace tiempo, cuando acudía al cementerio de su pueblo a los pies del cerro San Javier, en la provincia argentina de Tucumán (norte), y veía a los parapentistas saltar desde la Loma Bola, considerada una de las mejores pistas de lanzamiento de Suramérica por sus favorables condiciones naturales.

“Yo los miraba desde abajo, estando allí en el cementerio que está al pie del cerro y en lugar de rezarle a mi madre y a mi hija se me iba el alma mirando a los del parapente”, confesó la mujer con una pizca de culpa.

Sus tres nietos fueron los artífices de la odisea y ni la edad, tampoco su expediente médico con “problemitas de corazón y pulmones” ni una primera negativa del galeno al vuelo, fueron un impedimento para que, finalmente, esta entrañable señora lograse cumplir su sueño en la plenitud de su tercera edad.

Y ya van tres travesías en parapente.

El primero en 2012, como regalo por su 85 cumpleaños; el segundo, recién estrenadas las 87 primaveras; y el último y más reciente, con motivo del 89 aniversario de esta atrevida anciana que declara, a estas alturas de su vida, no tener miedo a nada.

En este periplo, de unos 30 minutos de duración cada uno, la mujer viaja en un parapente biplaza y acompañada en todo momento por Mario Suelo, un experimentado piloto cuyas indicaciones ya permiten que Camposano relate esta peculiar carrera aérea con alguna tímida nota técnica.

Junto a Suelo, esta curiosa deportista de riesgo se lanza al vacío con total confianza, sin miedo y convencida de que la experiencia “es magnífica” y diferente en cada ocasión.

“Yo quiero llegar arriba. Tengo espíritu de golondrina y suerte de caracol”, comenta divertida, “porque la golondrina siempre anda al aire y el caracol siempre en el suelo”.

“Pero que le va a hacer, cada uno tiene lo que tiene”, bromeó la parapentista que se define como una enamorada del cerro San Javier, en el que siempre ha deseado vivir y en el que espera que, algún día, reposen sus restos.

Por ahora le alcanza con el parapente y los “maravillosos” paisajes que descubre en cada trayecto, asegura.

Recién aterrizada sobre un campo de naranjos y limoneros perfectamente sembrados en línea, Camposano piensa ya en una nueva oportunidad.

“Si me regalan otro vuelo, voy mañana”, sostiene.

La argentina está convencida de que, “mientras pueda”, seguirá disfrutando de su pasión y del colchón verde de árboles que viste el paisaje de esta región de Tucumán y que es para ella como una inyección de energía.

“Yo te cuento que de aquí a la esquina ya llego cansada, transpirando mal, pero con el parapente me olvido de que me canso. Si tengo que caminar camino y no me importa, así que mientras pueda caminar para sentarme en esa sillita yo estoy disponible”, concluyó la anciana, que anima a otras personas en su situación a probar la que considera, la mejor experiencia de su vida.

Fuente: EFE