‘Dumbo’ ha vuelto al cine, ahora como un live-action (Foto: Disney)

‘Dumbo’ ha vuelto al cine, ahora como un live-action (Foto: Disney)

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Por César Valero Vegazo

El Dumbo de Tim Burton es visualmente exquisito y hasta preciso para contar la historia del elefante volador, desde su nacimiento hasta su acto principal en un circo que bien podría haber aparecido en cualquier otro título del cineasta. La película es entretenida, sobre todo cuando el pequeño paquidermo se apodera de la narrativa colmada de personajes adicionales que no justifican por completo su presencia. Como live-action de un clásico de clásicos es lo que tiene que ser. Tiene la trama, inevitablemente a las personas y hasta el CGI para convertir la pesadilla de los elefantes rosados en un show alucinante, pero tantos son los arreglos que no puede ser tan emotiva como la cinta animada de 1941. Es alentadora y cumple como película familiar, pero no te sobrecoge ni te hace soñar al estar sumida en la artificialidad, que si bien es atractiva a la vista, no por eso deja de sentirse alejada de la meta, que sería replicar las emociones de antaño.

Cuatro años después de anunciar a Burton como director de su nuevo live-action, Disney estrenó Dumbo como una adaptación que reúne casi todos los elementos de la película original. Escrita por Ehren Kruger, Dumbo sigue las desventuras del circo Medici, cuyas últimas esperanzas son puestas en la cría de una elefanta adquirida por su propietario, interpretado limpia y socarronamente por Danny DeVito. Sin embargo, esas esperanzas se desvanecen cuando Dumbo emerge como un elefante con unas orejas gigantescas, que termina al cuidado de un veterano de guerra que nunca llega a tener química en pantalla con el elefante. Holt Farrier (Colin Farrell) es el héroe de esta versión, pero es un héroe que no debió ser, al menos a nivel de peso narrativo. En cambio, sus dos hijos sí son los compañeros adecuados para Dumbo, por más repetida que sonara su participación.

Los hijos de Holt son los que descubren la habilidad especial de Dumbo y son quienes preparan sus primeros actos con la idea de ganar dinero que permita al circo recuperar a mamá Jumbo, separada de su cría al igual que en el filme original, aunque redescubierta cuando Dumbo más la necesita, cuando el ambicioso V. A. Vandevere (Michael Keaton) salta a escena junto a la artista del aire Colette Marchant (Eva Green) en Sueñolandia.

Dumbo es una de esas películas donde Burton deja volar su imaginación, en especial cuando es tiempo de mudarse a este lugar llamado Sueñolandia, una especie de Disneylandia bizarra, con freak shows, ejércitos de payasos y muchas, muchas carpas. No obstante, el elefante se pierde entre la magnificencia visual y entre tanto drama humano que entorpece su viaje natural, por más que sean personas las que propicien el final feliz del pequeño Dumbo.

La Dumbo) de 1941 sobrevive hasta la actualidad por su sencillez, tacto y música. Es una película que se adentra con mucho acierto en la inocente relación entre madre e hijo en un contexto de sometimiento, por lo que es difícil no sobrecogerse cuando mamá Jumbo le canta al bebé. El live-action tiene una escena similar, que si bien es triste, no es tan potente como la versión original. Quizá Disney quiso que sea así.

Ahora, el Dumbo de la película es tierno. Su diseño es efectivo para capturar la atención del público. No en vano Danny DeVito comentó que es imposible mirarlo a los ojos y no enamorarse. Es lo mejor de la película y es suficiente razón para darle una oportunidad. Si hubiese sido la estrella central y no una excusa para los demás personajes, habría sido mejor.