(Video: Deutsche Welle)

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El programa nuclear iraní comenzó en los años 70, durante el reinado del Sha de Persia. EEUU había recomendado el uso de la energía atómica a pesar de que Irán posee grandes reservas de petróleo y gas.

Ya en 1967, Irán puso en marcha su primer reactor nuclear con fines de investigación y la primera central nuclear fue construida con ayuda de Alemania y Francia. Más tarde, la revolución iraní, en 1979, terminó con cualquier tipo de cooperación por parte de Occidente.

En 2002, el programa nuclear iraní llamó la atención de la opinión pública. La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) publicó informaciones nunca antes reveladas acerca de las centrales de enriquecimiento de uranio en las localidades de Natans y Arak, construidas por el gobierno de Irán. Poco después, los inspectores de la AIEA hallaron huellas de uranio enriquecido en dichas centrales, lo cual provocó una crisis política. Gran Bretaña, Francia y Alemania iniciaron conversaciones con Teherán, las que tuvieron por resultado de que Irán prometiera cesar con esas actividades. A cambio, Europa prometió a cambio facilidades comerciales a Irán. Pero el acuerdo duró poco: en 2004, el gobierno iraní volvió a negarle el acceso para la inspección a la AEIA.

Irán se aísla con Ahmadineyad

En 2005, con la elección de Mahmud Ahmadineyad como presidente de Irán, el tono de la disputa se endureció. Teherán quería mantener su derecho a un uso pacífico de la energía nuclear y al intercambio de conocimientos y materiales, como cualquier otro país. EEUU, sin embargo, excluyó a Irán de ese intercambio, por lo cual el régimen consiguió planes de construcción, entre otros, de Abdul Qadir Khan, el “padre” de la bomba atómica pakistaní. Ese mismo año, el Ayatolá Jomeini, el líder religioso de Irán, emitió una fatwa que prohibía la producción, la posesión y el uso de armas nucleares. A pesar de eso, Ahmadineyad continuó con su estrategia de confrontación: en 2006 retiró los sellos de control de la AIEA de la central de enriquecimiento de uranio Natans. Además, declaró que su país había logrado por primera vez producir material nuclear.

Consejo de Seguridad de la ONU condena a Irán

Finalmente, la AIEA derivó el problema al Consejo de Seguridad de la ONU porque Irán se negaba rotundamente a admitir inspecciones más amplias. En diciembre de 2006 la ONU resolvió en Nueva York aplicar las primeras sanciones, que fueron endurecidas aún más por la Unión Europea (UE). La lista incluía prohibiciones de viaje, un embargo de armas y equipo militar y de material nuclear, además de afectar las telecomunicaciones, así como las inversiones en la industria del petróleo y del gas. También se prohibieron las ayudas financieras directas a Irán.

Hasta fines de 2008 se emitieron en total cinco resoluciones de la ONU en las que se instaba a Irán a detener sus actividades y a permitir que se llevaran a cabo controles, pero Teherán las ignoró a todas y continuó con su programa nuclear. La noticia de la construcción de una central de enriquecimiento de uranio subterránea y muy bien protegida contra ataques militares en Fordo, en las cercanías de la ciudad sagrada de Quom, causó conmoción internacional debido a que Israel ya había bombardeado una central nuclear iraquí y una siria que se encontraban en la superficie. La AIEA exigió nuevamente que se permitiera el acceso a sus inspectores y se cesaran las tareas en la central de Fordo.


ONU endurece sanciones a Irán

El grupo UE3+3, -formado por países europeos y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad – EEUU, Rusia y China (también llamado 5+1) – llevó a cabo negociaciones de manera esporádica con la República de Irán a partir de 2008, pero esos contactos fueron infructuosos. En ese momento, Israel amenazó varias veces con un ataque militar a las instalaciones iraníes.

En 2012, las Naciones Unidas decidieron emitir otras dos resoluciones y sanciones adicionales contra la industria petrolera de Irán y contra su sector financiero. Occidente exigía el cierre de Fordo, pero Irán no lo aceptó. Como consecuencia, fueron impuestas nuevas limitaciones a la actividad bancaria, al comercio con materias primas, a la exportación de gas, al tráfico naviero y al aéreo, lo cual aisló totalmente a Irán del comercio internacional.

Crisis económica provoca cambio de rumbo

El proceso de negociación nuclear con Irán se retomó después de los comicios en los que fue electo presidente Hassan Rohani, en septiembre de 2013. Sin embargo, quedaba claro que la alternativa que planeaba el UE3 ya no era válida: en los ocho años de mandato de Ahmadineyad, el número de centrifugadoras para enriquecer uranio aumentó de 100 a cerca de 19.000, distribuidas en tres centrales nucleares, lo cual marca un claro desarrollo hacia la construcción de armas nucleares.

Hoy los expertos creen que Irán podría construir una bomba nuclear en un lapso de tres meses. EEUU, por su parte, quiere que se reduzca la cantidad de material de fusión a fin de que para que Irán fabrique una bomba atómica necesite un año.

El presidente Rohani aboga por un acuerdo, ya que quiere lograr un levantamiento de las sanciones. La economía iraní está en plena crisis y el país se ve amenazado por una quiebra estatal. Con el Acuerdo Provisorio de Ginebra, en noviembre, se logró un marco, para continuar las negociaciones, una moratoria de seis meses en la que Irán debe suspender el enriquecimiento de uranio.

En ese tiempo, los socios planean cerrar un tratado que prohíba el uso militar de la energía nuclear en Irán y permita levantar las sanciones a ese país. Como señal de buena voluntad, la UE suspendió una parte de sus sanciones. También se produjo el primer contacto directo entre Rohani y Barack Obama. El presidente iraní asegura que quiere mejorar las relaciones con Occidente, pero está condicionado por los negociadores de mano dura de su país, y la última palabra la tiene el Ayatolá Jomeini, líder religioso y detentor de poder en las sombras en Irán.

(Fuente: Barbara Wesel/Deutsche Welle )